Por Ana Paula Kiyama | Internacional
El conflicto en Medio Oriente volvió a poner en el centro del tablero al Estrecho de Ormuz: el paso marítimo por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial cada día. Cuando ese cuello de botella se tensiona, el mundo entero siente la presión.
El fin de semana, tras interrupciones en la zona y amenazas cruzadas entre Irán y Estados Unidos, el petróleo Brent llegó a dispararse casi 13% en la apertura. El gas europeo subió más de 20%. Las bolsas europeas y asiáticas cerraron en rojo. El oro y el dólar repuntaron. Y las aerolíneas pagaron el golpe: Air France-KLM cayó 9% y United Airlines 4%.
El mensaje es claro: cuando Ormuz tiembla, el mundo económico se sacude.
¿Por qué el Estrecho de Ormuz es tan importante?
Imagina una autopista marítima extremadamente angosta que conecta el Golfo Pérsico con el Océano Índico. Por ahí sale el crudo de Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Kuwait, Irak y Qatar.
Si se cierra o se limita:
- Se encarece el petróleo
- Suben los combustibles
- Aumentan los costos logísticos globales
- Se dispara la inflación
Es el manual clásico del pánico financiero: refugio en oro, fortalecimiento del dólar, desplome bursátil.

El impacto macroeconómico: las matemáticas del desastre
La aseguradora de riesgos comerciales Coface estima que un aumento sostenido de 15 dólares por barril podría restar 0.2% al crecimiento global. En términos de PIB mundial, eso significa cientos de miles de millones de dólares evaporándose.
Y cuando el crecimiento global se frena:
- Se reduce el comercio
- Baja la inversión
- Se encarece el financiamiento
- Se enfría el empleo
¿Y México qué tiene que ver?
Aunque México no depende del crudo iraní, vive dentro de una cadena de suministro hiperconectada. El impacto llegaría por varias vías:
Gasolina e inflación
Si el petróleo sube, sube la gasolina. La presidenta Claudia Sheinbaum ya adelantó que, de mantenerse la presión, podría ajustarse el IEPS para amortiguar el golpe al consumidor. Pero bajar el IEPS significa menos ingresos fiscales.
Y aquí entra un dato relevante: Hacienda acaba de reportar un fuerte incremento en la recaudación del IEPS (tabaco, refrescos y nuevos impuestos digitales). Ese colchón fiscal podría ser clave si el gobierno necesita subsidiar combustibles para evitar un brote inflacionario.
Tipo de cambio
En momentos de tensión global, el dólar se fortalece. Si el peso se debilita:
- Importaciones más caras
- Mayor presión inflacionaria
- Posibles ajustes en tasas de interés
Exportaciones manufactureras
Ciudad Juárez y la frontera viven de la industria de exportación. Si el crecimiento global se desacelera por un shock energético, las órdenes manufactureras podrían enfriarse. Para una economía como la mexicana, altamente integrada con EE.UU., cualquier freno en la demanda estadounidense se siente rápido en empleo y producción.
Transporte y turismo
Aerolíneas afectadas por combustible caro y cierre de espacio aéreo elevan costos. Esto puede encarecer vuelos internacionales y afectar flujos turísticos.
El efecto dominó en los mercados
Mientras tanto:
- El oro sube como activo refugio
- El dólar gana terreno
- Las bolsas se ajustan
- Energéticas suben
- Aerolíneas bajan
- Tecnología y consumo sufren
Incluso el ecosistema tech se mueve en medio del ruido: OpenAI firmó con el Pentágono tras tensiones políticas, mientras que Apple continúa lanzamientos estratégicos para fortalecer su negocio de servicios. El mundo no se detiene. Pero sí se vuelve más volátil.
¿Qué puede pasar ahora?
Escenarios:
- Escalada militar prolongada (4 semanas o más)
Petróleo sostenidamente arriba → inflación global → bancos centrales cautelosos - Tensión controlada
El mercado corrige → el petróleo se estabiliza → el impacto queda en susto temporal - Cierre real de Ormuz (escenario extremo)
Shock energético global comparable a crisis petroleras históricas
¿Por qué importa realmente para México?
México está en un punto delicado con un crecimiento moderado, una alta dependencia manufacturera con una inflación sensible y una finanza pública ajustada. Un choque energético externo podría complicar la estabilidad macroeconómica justo cuando el país necesita certidumbre para inversión y nearshoring.
El Estrecho de Ormuz no está en México. Pero su efecto sí puede estar en la gasolina que cargamos, en el súper que pagamos, en la tasa de interés de nuestra hipoteca y en el empleo industrial.
En un mundo interconectado, los cuellos de botella geopolíticos son también cuellos de botella económicos. Y cuando el petróleo tiembla, la macroeconomía también.

