Don Mario Salas (MARSA)

29 años al servicio de la industria de Juárez


En Ser Empresario abrimos este espacio para rendir homenaje a aquellas empresas familiares que desde hace años emprendieron en esta frontera y haciendo frente a las adversidades, se esfuerzan todos los días por seguir vigentes. Va nuestro reconocimiento a todos esos negocios que con gran amor por su tierra, han sabido permanecer, dándole identidad a nuestra querida Ciudad Juárez.


A sus 70 años, a don Sergio Mario Salas Morales, o don Marsa (acrónimo de su empresa que se hiciera tan popular en el sector del autotransporte en Juárez, que así lo llamarían después sus amigos y clientes con cariño y respeto), lo sigue moviendo su pasión por un oficio que le ha dado las más grandes satisfacciones de su vida: haber sacado adelante a su familia, ver a sus tres hijos convertidos en hombres de bien y ser sustento de decenas de familias durante muchos años.

Don Mario, comenzó desde abajo y gracias al trabajo duro y a su enorme sentido de responsabilidad, se hizo de una reputación que después de casi tres décadas, sigue pesando en el ambiente del transporte de carga. “Mucha gente me ha dicho, tu papá seguía todavía arriba de los tráileres hasta que le pasó su enfermedad. Él se metía y arreglaba los camiones y echamos cemento en las yardas. Estábamos el viernes en la tarde y llegaba un trompo de cemento, y él traía botas nuevas y se metía al cemento”, recuerda con mucho orgullo René Salas, el menor de sus tres hijos.

La segunda afición no sólo de don Mario, sino de toda su familia es el béisbol, deporte que inculcó a sus hijos desde niños. Incluso, tienen su propio equipo, “Marsa”, por supuesto, en la Liga Azteca de Béisbol. Antes, su equipo también tuvo varios logros en la Liga Jilotepec.

Originario de Samalayuca, cuando tenía 18 años, don Mario ya trabajaba como caminero, abriendo carreteras para SOP Compañía Carretera o Cumsa. De esta última, recuerda el tramo Chihuahua-Ojinaga. “Se iban a acampar y a él le gustaba la traileada, y el fin de semana para regresar a Juárez, pedía raid a los camioneros y así aprendió a manejar, él se fijaba en los cambios y los apuntaba”, recordó con nostalgia su esposa, María Elena González Arreola.

Ya en Juárez, don Mario cumpliría su sueño de manejar un tráiler, trabajando para las compañías gaseras Trajusa e Hidrogás.

“En una ocasión íbamos a El Paso y Trajusa estaba para donde íbamos. Y me dijo: yo voy a pedir trabajo en esos tráileres, y me quedé en el carro esperándolo. Salió y me dijo, regrésate para la casa, ya no vamos a ir a El Paso ya me voy a ir a trabajar. Y sin conocer nada de Estados Unidos más que El Paso, agarró un tráiler y se fue a trabajar”. Así recuerda Elena González los inicios de su esposo como conductor. Dicha experiencia, le permitiría a don Mario conocer no sólo parte de México y Estados Unidos, sino todo lo que se necesita saber para ser un buen trailero.


Comienza un sueño

Con el trabajo incansable de don Mario y la buena administración de Elena González, la pareja logró adquirir su primer dompe, o camión de volteo con el que atendían escasos viajes al inicio.

“Nunca se quedó nomás con el dompe. Luego compró un rabón, se fue a Lubbock, Texas a comprarlo. Estuvimos batallando como tres años, a veces nada más tenía un viaje a la semana y un día la suerte llegó a la casa, llegó el señor Martin Campos, él tenía una empresa como la de mi esposo. Mario ya había comprado otra troca y no le tenía trabajo, estaba siempre parada y el señor Campos pasaba y la miraba. Él necesitaba ayuda y un día me dijo: oiga y esa troca por qué no la usa, y le dije que porque no había trabajo. Me dijo: en cuanto venga su esposo que me hable para darle trabajo, y así empezamos. Y gracias al señor Campos empezamos a meternos en las maquilas, él le fleteaba a Reparto, a Ferretería Lugo y a Infroliza.

“Casi siempre nos hemos topado con muy buenas personas, él (Mario) les caía bien, yo pienso por lo trabajador, a él lo protegían y así empezaron los americanos a darle los contratos a él, y así fue como empezamos a progresar”, recuerda Elena, quien al principio, era la secretaria de la pequeña compañía de su esposo y todos los días, esperaba con ilusión que cada que sonaba el teléfono en su casa fuera un cliente para darles trabajo.


De esta manera, don Sergio Mario Salas Morales, quien desde 1992 trabajó como persona física, finalmente logró cristalizar un sueño cuando en el 2008, comenzó con su empresa ya como persona moral: Fletes Marsa Internacional S.A de C.V.

“Me siento muy orgullosa de él, porque a pesar de ser tan humildes como éramos, supimos progresar, les dio estudios a sus hijos y el mayor ejemplo que es ser muy responsables”, afirma Elena mientras fija sus ojos con ternura en las fotografías antiguas de su esposo cuando aún era trailero.

Y aunque Elena le atribuye a él éxito de la empresa, son sus hijos Sergio Mario, Carlos Omar y René, y el propio don Mario quienes reconocen en ella a una gran administradora, que con su amor, sacrificios y esfuerzo (al ser ella la responsable de la crianza de los tres varones cuando su esposo tenía que irse por semanas o meses a trabajar), fue pilar de la prosperidad de la familia.

Aunque para tener éxito, también se requiere respeto por la profesión, afirma don Mario: “(Ser trailero me permitió) conocer muchos lados. Lo que tiene que hacerse es tenerle respeto a la carretera porque si te duermes hasta ahí llegaste, y respeto a las curvas. Ha evolucionado (la conducción) en cuestión de que han salido cosas nuevas, por ejemplo antes trabajaban libros escritos y ahora son electrónicos.

“Ahora manejan 10 horas y se tienen que parar, y antes darle y darle. Yo llegué a manejar 24 horas sin parar. Ya estaba impuesto. Yo agarraba un trailer y amanecía en Tijuana de un golpe. El mediano de mis hijos así es”, recuerda don Mario.


Carlos Salas, de niño, es aficionado junto con sus hermanos al béisbol.

Afrontando la adversidad…

“Mi papá siempre quiso que siempre estuviéramos en la escuela. Mi hermano Sergio es contador público fiscal, mi hermano Carlos estuvo hasta la preparatoria, él se ha aventurado a andar de trailero allá arriba, y yo estudié Relaciones Internacionales en la UACH. Mi papá nos dijo que él se sentiría orgulloso que tuviéramos un título y cuando mi hermano Sergio fue el primero que le dio el título fue lo máximo para él”, recuerda René Salas.

Y fue tal vez esa formación profesional, aunada a que desde niños estuvieron cerca de su papá aprendiendo bien del negocio, que los hermanos lograron sacar adelante la empresa tras sobreponerse a un duro golpe para la familia.

“Hace 11 años (a mi papá) le dio una embolia y muchas cosas se vinieron para abajo. Nos quitaron la maquila fuerte y tuvimos que vender trocas, correr gente hasta que agarramos a otra maquila grande. Estábamos en el taller y me hablaron, y me dijeron que otro transportista les quedó mal que si teníamos 5 camiones, y fuimos Carlos mi hermano, yo, otros choferes e hicimos el trabajo que el otro transportista no hizo y de ahí para acá”, recordó René Salas, quien también se echó en hombros la responsabilidad de ayudar a sus padres y levantar de nuevo la empresa familiar.

“Estoy muy orgullosa de René, cuando mi esposo enfermó, él tomó las riendas, y gracias a él estamos aquí, si no se hubiera acabado la empresa. Y aprendió muy bien. A veces le digo que salió el alumno mejor que el maestro”, asegura Elena González al tiempo que sonríe y mira a su hijo menor.


Fletes Marsa, ejemplo de responsabilidad y compromiso

El trabajo no acaba y todos los días, esta familia se esfuerza por levantarse y seguir sirviendo a la industria juarense con responsabilidad. “Yo digo que se nos ve como una empresa sólida y consolidada porque con nuestros clientes duramos tiempo, una empresa que no está bien, da mal servicio o que no hace bien el trabajo, de volada te desechan”, afirma René Salas.

Hoy en día y pese a las enfermedades, el patriarca de esta familia sigue en pie, orgulloso del legado que ha dejado en sus hijos. Más allá de un pequeño patrimonio, para él lo más importante es el ejemplo de ser personas responsables y trabajadoras.

Y a un hombre incansable como lo es don Mario, no lo dejarán de mover el amor por su familia y su pasión por el trabajo:

-Don Mario, ¿cuál es su mayor orgullo respecto a sus hijos? “Que yo los enseñé a trabajar”.

-¿Y para usted, cuáles son los principales valores de su empresa? “Servicio al cliente, eso es lo primero, constancia y puntualidad”.


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Don Mario Salas siempre inculcó a sus hijos el valor de la familia por encima de sí mismos.


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