La primera mujer empresaria moderna
- Lic. Mayra Machuca
- hace 1 día
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Por Mayra Sugey Machuca
Cuando se habla de empresa y liderazgo, la narrativa tradicional suele estar dominada por historias masculinas, capital heredado y estructuras consolidadas. Sin embargo, el empresariado moderno también tiene un origen distinto, uno que hoy dialoga directamente con la realidad de miles de mujeres en México: el de Madam C. J. Walker, reconocida como la primera mujer empresaria moderna.
No fue la primera mujer en hacer negocios. Las mujeres han comerciado desde siempre. Su relevancia radica en que construyó una empresa con visión estratégica, marca, estructura y escalabilidad, elementos que hoy definen a cualquier negocio competitivo. Lo hizo sin herencias, sin privilegios y sin tutela, en un contexto profundamente adverso.
Walker inició como lavandera y, al identificar una necesidad desatendida, desarrolló productos dirigidos a un mercado ignorado. No solo creó un bien, creó un modelo empresarial: estandarizó procesos, formó una red de ventas, capacitó a mujeres y reinvirtió para crecer. Su empresa generó riqueza, pero también independencia económica y liderazgo femenino.
Ese modelo es especialmente vigente en México. Hoy, millones de mujeres emprenden por necesidad o convicción, muchas veces sin acceso al crédito, enfrentando dobles jornadas y estructuras que aún cuestionan su liderazgo. Aun así, construyen empresas, generan empleo y sostienen economías locales.
La lección de la primera empresaria moderna es clara: emprender no es improvisar, es estructurar. No basta con tener talento o voluntad; se requiere estrategia, disciplina y visión de largo plazo. Walker entendió que el crecimiento individual debía ir acompañado del crecimiento colectivo, algo que hoy se refleja en redes de mujeres empresarias, asociaciones y modelos de mentoría que fortalecen el ecosistema empresarial femenino en México.
Su historia también interpela al sector privado y a las instituciones: apoyar a las mujeres empresarias no es un acto de corrección política, es una decisión económica inteligente. Las empresas lideradas por mujeres muestran altos niveles de resiliencia, innovación y compromiso social.
En el México actual, donde cada vez más mujeres dirigen negocios, ocupan espacios de decisión y transforman industrias, recordar a la primera mujer empresaria moderna no es mirar al pasado, es entender el presente. Su legado nos recuerda que el liderazgo femenino no pide permiso: se construye, se organiza y deja huella.
Porque antes de que el mundo empresarial estuviera listo para las mujeres, ellas ya estaban listas para liderar.










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