Nueva Cultura Salarial: el cierre de un ciclo histórico y el reto que sigue para México
- Ana Paula Kiyama
- 26 dic 2025
- 3 Min. de lectura

Por Ana Paula Kiyama | Ser Empresario
Durante décadas, el salario mínimo en México fue sinónimo de rezago. Su pérdida de poder adquisitivo —superior al 70%— no solo impactó el ingreso de los trabajadores, sino que se convirtió en un factor estructural de pobreza laboral para millones de familias. Hoy, ese ciclo comienza a cerrarse.
Desde el sector empresarial organizado, particularmente desde COPARMEX, se impulsó hace casi diez años una visión contracorriente: la Nueva Cultura Salarial, basada en una premisa clara y contundente: el empleo formal es la mejor política social. No hay transferencia que sustituya a una plaza con prestaciones, estabilidad y seguridad social.
El reciente acuerdo tripartito que eleva el salario mínimo general a 315.04 pesos diarios, equivalente a 9,519.82 pesos mensuales, representa mucho más que un ajuste inflacionario. Marca un punto de inflexión histórico: por primera vez, el ingreso mínimo legal permite que dos personas empleadas formalmente cubran la línea de bienestar familiar, es decir, dos canastas alimentarias y no alimentarias.
Con este nivel salarial, se cumple una meta largamente planteada: ninguna familia con dos miembros ocupados en la formalidad debería vivir en pobreza.
Un logro construido con diálogo y evidencia
Este avance no fue improvisado. Es resultado de una década de diálogo social, acuerdos responsables y decisiones técnicas que desmontaron temores históricos. Dos factores fueron determinantes:
La desindexación del salario mínimo en más de 21 mil disposiciones jurídicas, lo que evitó presiones inflacionarias automáticas.
La incorporación del Monto Independiente de Recuperación (MIR), que permitió incrementos reales sin distorsionar contratos colectivos ni negociaciones laborales.
Los resultados son medibles y trascienden ideologías. Desde 2016, el poder adquisitivo del salario mínimo creció 148%, mientras que la pobreza laboral descendió de 41.1% a 34.3%. De acuerdo con estimaciones de CONASAMI basadas en datos del INEGI, 6.6 millones de personas salieron de la pobreza gracias al aumento salarial.
Para una ciudad como Ciudad Juárez, donde la industria maquiladora, el comercio y los servicios concentran miles de empleos formales, este cambio tiene un impacto directo en consumo interno, estabilidad social y competitividad regional.
El nuevo desafío: crecer con responsabilidad
Alcanzar la línea de bienestar familiar no significa que la tarea esté concluida. Por el contrario, abre una nueva etapa que exige visión de largo plazo, especialmente para regiones fronterizas donde los costos de vida y operación empresarial son elevados.
Desde COPARMEX se plantea una agenda de cuatro frentes estratégicos:
Meta Salarial 2030Avanzar hacia un salario mínimo equivalente a 2.5 veces la canasta de bienestar, con revisiones técnicas anuales que consideren productividad, inflación y, de manera prioritaria, la viabilidad de las MiPyMEs.
Ingreso Digno EmpresarialSuperado el umbral legal, los siguientes incrementos deben surgir de la corresponsabilidad voluntaria de las empresas, fortaleciendo una cultura de reconocimiento al talento y al desempeño.
Consolidación del CONSEAEl Consejo Nacional Social, Económico y Ambiental se perfila como un espacio clave para mantener un diálogo permanente entre trabajadores, empresarios y gobierno.
Fortalecer los pilares del crecimientoNo hay salarios sostenibles sin empresas fuertes. Para ello, México —y particularmente la frontera norte— requiere:
Seguridad para operar sin amenazas
Certeza jurídica que fortalezca el Estado de Derecho
Energía suficiente y competitiva, con infraestructura moderna
Un nuevo contrato social
La Nueva Cultura Salarial demuestra que es posible mejorar los ingresos sin comprometer la estabilidad económica, cuando hay acuerdos, responsabilidad y visión compartida. El reto ahora es sostener este avance y convertirlo en un verdadero motor de desarrollo regional y nacional.
El futuro del país no se construye con decisiones aisladas, sino con diálogo social serio, acuerdos que se cumplan y una economía que valore el trabajo digno como base del crecimiento.










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