Stil: 40 AÑOS DE DISCIPLINA, CONSTANCIA Y PROPÓSITO
- Ana Paula Kiyama
- 30 dic 2025
- 4 Min. de lectura

Hector Mendoza: La mente, el corazón y la columna vertebral del Grupo Stil
Por Ana Paula Kiyama
En Ciudad Juárez, donde la frontera respira prisa, industria y determinación, hay empresas que no solo sobreviven: se convierten en testigos y motores del tiempo. Una de ellas nació el 25 de enero de 1985, cuando un joven de 22 años —sin estudios universitarios, sin capital, sin plan B— decidió que tenía más miedo a no intentarlo que a fracasar. Ese joven era Héctor Javier Mendoza Ochoa, hoy presidente y socio fundador del Grupo STIL, una compañía mexicana de transporte que se volvió referente nacional e internacional.
Cuatro déacadas después, STIL es mucho más que una empresa de transporte. Es el testimonio vivo de lo que puede lograrse con disciplina, constancia y un sentido profunod de responsabilidad.
Inicios en una era distinta: Cuando no había experiencia, ni dinero.
Héctor recuerda aquellos primeros años con honestidad: “No conocíamos el negocio. Teníamos ganas… y lo que no teníamos era dinero.” Compró su primer camión antes de cumplir 23 años y construió a pulso una empresa cuyo futuro solo existía en su cabeza.
Con menos de 23 años, adquirió su primer camión. En esta etapa se incorporó Raúl Valezuela, un compañero de trabajo cuya participación representó un apoyo clave en los primeros pasos de la empresa. Su colaboración aportó estructura, esfuerzo y continuidad en un momento en el que todo estaba por construirse. Tras fracasos, se definió un rasgo que seria el ADN de STIL: La capacidad de levantarse, ajustar la estrategia y seguir.
Una frontera que impulsa, una empresa que acompaña
Juárez crecía, la maquila explotaba y el movimiento de mercancías se volvía un torrente imposible de ignorar. STIL encontró en ese ritmo frenético el terreno ideal para levantar su historia y hoy da empleo a más de 1,053 personas y realiza operaciones estratégicas en Tijuana, Torreón, Ciudad Juárez y Nuevo Laredo —ésta última, la más grande hasta hoy.
Y aun así, si le preguntas qué hace diferente a STIL, Héctor no duda: “Nuestra gente. No es el slogan. Es la verdad.”
El respeto, la apertura, la exigencia y la energía humana son, para él, el verdadero diferenciador en un mercado donde todo lo demás —GPS, monitoreo, procesos, métricos— ha dejado de ser ventaja y se ha convertido en requisito mínimo.
Puerta a puerta: la logística hecha simple
Desde 1985, Stil adoptó un principio: hacer las cosas diferente, por evolución. El servicio puerta a puerta sin intermediarios es uno de esos cambios que transformaron por completo la experiencia del cliente. Una sola llamada. Un solo punto de contacto. Una sola empresa responsable del trayecto completo.
Héctor resume su expectativa hacia su equipo en cinco pilares: Satisfacción del cliente; estado de resultados; seguridad; desarrollo del personal; innovación. Si falta uno, la ecuación se cae.
En un mundo donde la lealtad empresarial es efímera, STIL presume algo que pocas compañías logran: clientes con más de dos décadas de relación.
El futuro: crecer sin perder el alma
El siguiente gran paso tiene dirección clara: el Bajío, corazón vibrante del boom automotriz en México. La empresa planea abrir allí su próxima terminal en el cuarto trimestre del próximo año. Y aunque crecen, lo hacen con una filosofía firme: no se trata de ser más grandes, sino de ser mejores.
Un liderazgo que sabe lo que pesa el tiempo
Liderar una empresa con 40 años no es una medalla: es una responsabilidad. Para Héctor, significa mantener un estándar personal de disciplina y crecimiento. “No puedo pedir jugadores A si yo no soy jugador A.”
Héctor habla de un principio que lo marcó: no tener plan B. No siempre es un consejo universal, pero en su historia significó compromiso absoluto. Si algo iba a funcionar, tenía que ser porque él lo empujó hasta donde fuera necesario con disciplina, constancia y sacrificio.
Cuarenta años después, ¿qué es STIL?
STIL es una obra. Una visión. Un testimonio de que en la frontera, donde muchos ven obstáculos, otros ven posibilidades enormes. Una empresa que nació sin capital y sin experiencia, y que cruza más de 1,200 embarques diarios a través de 3 diferentes fronteras; que se expande, se fortalece e inspira.
Para Héctor la empresa no es su vida, si no, el vehículo que eligió para construir su camino; aun así, piensa constantemente en su futuro. Su visión es contundente: una comunidad que siga viva cuando él ya no esté. Una compañía que no dependa de una sola persona, que tenga su propio espíritu, su propio camino, su propia fuerza para continuar con o sin su fundador.
Ese espíritu está sostenido por valores reales. No son palabras decorativas colgadas en una pared; son principios que se sienten, que se viven y que han guiado el crecimiento de la empresa. Su deseo es que esa cultura trascienda generaciones y permanezca intacta, sin importar el tiempo.
Él imagina que la gente de Ciudad Juárez, de El Paso y de toda la frontera los vea como una compañía diferente: una empresa con un gran corazón y formada por personas extraordinarias. Porque, para él, el factor humano lo es todo. Se preocupa profundamente por el desarrollo personal de su equipo. Quiere verlos crecer como profesionales y como seres humanos. Sabe que cuando alguien es feliz, se nota; la pasión se contagia y vuelve los días más ligeros, incluso en un negocio lleno de retos.
Los clientes lo han reconocido desde hace años. Recuerda la vez que uno lo invitó a compartir su historia en una plática. Ese cliente lo describió con una frase que nunca olvidó: “Tu gente no trae la camiseta puesta… la trae tatuada.” Para él, no hay mejor elogio.
Con el tiempo, su hija mayor se unió al negocio. Hoy, casi una década después, ellos continúan construyendo la visión que él soñó: una empresa que no se acaba con una persona, sino que perdura gracias a su gente.
Porque, al final, la historia de esta empresa no es solo la historia de un fundador: es la historia de una comunidad. Una comunidad hecha de valores honestos, pasión verdadera y un corazón que sigue latiendo en cada kilómetro recorrido.










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