¿Y el crecimiento de la economía?

Por Antonio Castro


“Si no hay crecimiento, una compañía se muere. Una empresa tiene que estar viva por la gente que tiene”

― Amancio Ortega


El crecimiento económico, con aumentos en los niveles de producción, es un fenómeno relativamente reciente, si atendemos a la evolución de los niveles de producción en los últimos dos mil años. Lo que hoy consideramos como crecimiento económico, con incrementos medios anuales de la producción en torno al 2%, representa una tendencia que solo se observa a partir de la Revolución Industrial, inicialmente en un número limitado de países y con tasas de crecimiento más moderadas, siendo más intenso y amplio este fenómeno desde la segunda mitad del siglo XX.


Anteriormente, las tasas de crecimiento de la producción fueron muy reducidas y cercanas a cero durante períodos considerablemente prolongados.

La Gran Depresión puso a John Maynard Keynes en el centro del pensamiento económico. La nueva visión "keynesiana" era que el gasto de inversión privada es inherentemente inestable (debido a los caprichos y modas de los inversionistas, o debido a los cambios en los "espíritus animales" de los hombres de negocios, o porque la caída de los precios significa una interrupción del sistema financiero).


Los keynesianos pensaban que una política monetaria prudente (con los bancos centrales elevando y reduciendo las tasas de interés para disminuir las fluctuaciones en el gasto de inversión privada), haría parte de la tarea de estabilizar la economía. Estaban convencidos que el Gobierno debía tener la voluntad de intervenir directamente, a través de una política fiscal expansiva, para mantener el nivel de gasto de la economía.

Una política así, pensaban, haría desaparecer para siempre el espectro del desempleo a gran escala, como se había visto en la Gran Depresión.

El crecimiento de cualquier economía depende del aumento de la cantidad y de la calidad de los factores productivos, y de la eficiencia con la que se combinen y de la tecnología que se utilice.


Así pues, un conjunto de políticas públicas que tenga como propósito elevar en forma significativa y permanente el crecimiento económico, debe acrecentar la disponibilidad de capital (inversión) por trabajador, mejorar la salud y la capacitación de la mano de obra y propiciar la modernización tecnológica.

Respecto de lo anterior, lo primero que debe quedar claro es que únicamente se puede invertir (en capital físico y humano), es lo que se ahorra. Y el ahorro es la diferencia entre el ingreso y el gasto.


En México, de 2010 a 2018 el crecimiento de la economía promedió 2.7%, y en la actual Administración promedia caída de 1.2 por ciento.

En la Administración Pública, la ampliación de un renglón de gasto sólo puede ocurrir a expensas de otro: lo que puede tener efectos positivos eventuales sobre el crecimiento, si el ajuste consiste en reducir el gasto corriente y elevar el de inversión (exactamente al revés de lo que ha venido ocurriendo en México).


Con especial énfasis en los sectores y en las regiones, que en base a sus cadenas productivas y su localización, permite el uso eficiente de sus recursos productivos, para lo cual se requiere de una estrategia global que evalúe la eficiencia y la capacidad de sus procesos productivos de acuerdo a su disponibilidad por sector y por región, basada en un modelo y una estrategia consensuada con el sector privado, ya que las empresas han sido las únicas a través de la historia capaces en generar riqueza de acuerdo a sus mercados locales y globales, a la competencia y a sus ventajas comparativas sectoriales y regionales.


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