El Gobierno de México aprovechó el mercado japonés para colocar deuda por 282.8 mil millones de yenes. La operación busca diversificar fuentes de financiamiento, ampliar plazos y aprovechar condiciones favorables, aunque también incorpora exposición al tipo de cambio.
Por Ana Paula Kiyama
México volvió a mirar hacia Japón para conseguir financiamiento. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público colocó 282.8 mil millones de yenes, equivalentes a aproximadamente 1,774 millones de dólares, mediante una nueva emisión de bonos en el mercado japonés, conocidos como bonos samurái. La operación contó con la participación de 52 inversionistas a nivel global y estableció cuatro nuevas referencias con vencimientos de 3, 5, 10 y 20 años.
Las tasas obtenidas fueron de 3.16% para tres años, 3.61% para cinco años, 4.46% para 10 años y 5.49% para 20 años. Con esta operación, Hacienda informó que concluyó su programa de emisiones en los mercados externos correspondiente a 2026.
¿Por qué Japón?
La respuesta está en la estrategia de financiamiento. México utiliza el mercado interno como su principal fuente de recursos y recurre a los mercados internacionales de manera complementaria cuando encuentra condiciones que pueden resultar convenientes.
Japón representa una alternativa particularmente interesante porque durante años ha operado con tasas de interés mucho más bajas que México. Sin embargo, decir que México consiguió dinero “a la mitad de precio” sería una simplificación.
Una tasa de 4.46% en yenes y una tasa cercana a 9% en pesos no son directamente comparables, porque la moneda en la que está denominada la deuda cambia el perfil de riesgo de la operación y ahí aparece uno de los principales factores que deben vigilarse: el tipo de cambio.
El riesgo está en el yen
México tendrá que pagar esta deuda en yenes. Si el yen se fortalece significativamente frente al peso, el gobierno necesitará más pesos para obtener los yenes necesarios para cubrir intereses y capital.
Por eso, una tasa de interés menor no necesariamente significa que el costo total de la deuda será menor bajo cualquier escenario. La estrategia de Hacienda busca precisamente administrar esa combinación de costo, plazo, moneda y riesgo.
De hecho, el Gobierno Federal ha reducido gradualmente su exposición a deuda externa: a junio de 2026, la deuda neta externa representaba 15.4% del portafolio total, frente a 23.3% en 2018.
México no solo está buscando dinero: está reorganizando su deuda
La emisión japonesa forma parte de una estrategia más amplia de manejo de pasivos. Durante junio, México colocó 6,300 millones de dólares y destinó aproximadamente 5,900 millones a operaciones de manejo de pasivos y prepago de obligaciones existentes.
Esa operación permitió eliminar los vencimientos de bonos en dólares previstos para 2027 y 2028 y reducir amortizaciones en euros previstas para 2029. La lógica es sencilla: evitar que demasiadas obligaciones lleguen al mismo tiempo y mejorar el perfil de vencimientos. En términos empresariales, es parecido a refinanciar deuda de corto plazo para conseguir más tiempo y reducir los riesgos de concentración de pagos.
Una apuesta de largo plazo
Los nuevos bonos samurái tienen vencimientos de hasta 20 años. Eso permite al gobierno distribuir sus obligaciones a lo largo del tiempo y, al mismo tiempo, construir referencias para futuros financiamientos en el mercado japonés.
México ya tiene experiencia en este mercado. En 2024 había colocado 152.2 mil millones de yenes en cinco bonos sostenibles con plazos de 3, 5, 7, 10 y 20 años. Aquella operación contó con 46 inversionistas.
La nueva colocación, por lo tanto, no representa una entrada improvisada al mercado japonés, sino la continuidad de una estrategia que México viene desarrollando desde hace varios años.
También hay un componente sostenible
Otro elemento relevante es el financiamiento sostenible. Hacienda informó que actualmente 85% del portafolio de bonos mexicanos en circulación en el mercado japonés está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Los recursos están vinculados a categorías como salud, educación, inclusión financiera, agricultura sostenible, agua, energías renovables, acción climática y biodiversidad. México ya había consolidado una curva de financiamiento sostenible en yenes desde 2022, y en 2024 Hacienda señaló que el país se había convertido en el mayor emisor soberano internacional de bonos sostenibles en el mercado samurái, detrás únicamente de Japón.
¿Qué significa esto para las empresas?
La operación deja una lección que también aplica al sector privado. El costo de un crédito no se mide solamente por la tasa. Una empresa que analiza financiamiento debe considerar la tasa de interés, la moneda, el plazo, el riesgo cambiario, el calendario de pagos, el costo total del financiamiento, la posibilidad de refinanciar.
Para las empresas de la frontera, donde muchas operaciones tienen ingresos, costos o proveedores vinculados al dólar, este punto es todavía más relevante. Una tasa aparentemente baja puede convertirse en una obligación más costosa si la moneda en la que está denominada la deuda se mueve considerablemente.
La verdadera jugada
México no simplemente “fue a pedir prestado a Japón”. Está utilizando diferentes mercados para administrar su deuda y aprovechar ventanas de oportunidad.
La operación japonesa permite conseguir financiamiento en yenes, diversificar inversionistas, ampliar plazos y continuar desarrollando su presencia en uno de los mercados financieros más importantes del mundo, pero también recuerda una regla fundamental de las finanzas:
El dinero barato no siempre es deuda barata.
La diferencia puede estar en la moneda y esta vez, México decidió apostar por el yen.

