La familia: el corazón que Ciudad Juárez necesita recuperar
La fidelidad como compromiso social
Ciudad Juárez necesita recuperar el valor de la palabra, la fidelidad y la familia. Aunque la infidelidad suele vivirse en el ámbito privado, sus consecuencias alcanzan a la familia y, por extensión, a la sociedad.
Hablar de este tema no significa juzgar toda ruptura, negar que algunas separaciones sean necesarias ni atribuir a la infidelidad todos los divorcios. La pregunta de fondo es otra: ¿qué sucede cuando la fidelidad deja de ser un valor y el compromiso se vuelve desechable?
La familia y el impacto en los hijos
La infidelidad no se reduce al momento del engaño. El matrimonio implica responsabilidades que trascienden a la pareja: cuando se pierde la confianza, aumentan los conflictos o llega una separación, los hijos pueden verse profundamente afectados. Por ello, toda decisión debe considerar también a quienes dependen emocionalmente de los adultos.
Los hijos aprenden, sobre todo, del ejemplo: observan cómo se tratan sus padres, cómo resuelven sus diferencias y si cumplen su palabra. La familia es la primera escuela de vida social. Allí se aprende a:
La tradición de la Iglesia presenta a la familia como la “primera y fundamental escuela de socialidad” y como la “célula primera y vital de la sociedad”. Fortalecerla, por tanto, no es solo una tarea religiosa: también es una forma de reconstruir el tejido social.
Una señal que Chihuahua no puede ignorar
En 2024, Chihuahua registró 2.86 divorcios por cada mil habitantes de 18 años y más, frente a 1.79 en el país. También se contabilizaron 43.7 divorcios por cada 100 matrimonios registrados en el estado, en comparación con 33.3 a nivel nacional. En 2023, la relación estatal había sido de 43.2 divorcios por cada 100 matrimonios.
Estas cifras deben interpretarse con cuidado: no significan que el 43.7 % de los matrimonios celebrados ese año haya terminado en divorcio, pues comparan dos registros del mismo periodo y no siguen a las mismas parejas a lo largo del tiempo.
Prevenir, acompañar y sanar
Esta realidad exige análisis y una mirada realista sobre la familia, más allá de discursos políticos, religiosos o sentimentales. El objetivo no debe ser condenar, sino prevenir, acompañar y sanar, con especial atención a las niñas, los niños y los adolescentes.
La Iglesia católica debe fortalecer su labor preventiva y ofrecer apoyo antes, durante y después de una crisis familiar. Entre las acciones prioritarias se encuentran:
Amoris laetitia subraya valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad y la paciencia, junto con la misericordia hacia las familias en dificultad. Defender el matrimonio no significa abandonar ni condenar a quienes necesitan escucha, reconciliación o consuelo. Además, una separación no elimina la responsabilidad de cuidar a los hijos.
Los hijos deben permanecer en el centro
Los hijos necesitan seguridad emocional y la certeza de que son amados. No deben ser utilizados como mensajeros, involucrados en disputas ni obligados a elegir entre sus padres. Los conflictos entre adultos tampoco deben disminuir el amor, la atención y la responsabilidad que se les debe.
La familia sigue siendo el primer espacio educativo. En una época en la que todo parece reemplazable, conviene preguntarnos:
Reconstruir la confianza desde el hogar
Los adultos debemos enseñar responsabilidad con el ejemplo. Ciudad Juárez enfrenta retos de seguridad, educación, oportunidades para los jóvenes, adicciones, violencia y recuperación de espacios públicos. Sin embargo, su reconstrucción también debe ser humana: la confianza social comienza en casa.
Para fortalecerla es necesario:
La fidelidad no se limita a la pareja: también significa ser fieles a los hijos, a los principios, a las responsabilidades y a quienes confían en nosotros. Para los católicos, incluye además la fidelidad a Dios. La fidelidad construye confianza; la confianza fortalece a las familias, y las familias fortalecen a la sociedad.
Un desafío pastoral para la diócesis
La fidelidad matrimonial tiene una dimensión social porque las personas construyen comunidades. Por eso, la Iglesia debe acercarse antes de que las relaciones se rompan y permanecer cerca cuando la crisis ya ha comenzado.
La Diócesis de Ciudad Juárez necesita impulsar:
No basta con decir “sean fieles” o “perdonen”. Es necesario enseñar a construir relaciones resilientes, reparar daños, asumir responsabilidades y recuperar la confianza. No basta con hablar de la familia: hay que acompañarla.
Tampoco debemos caer en el pesimismo. Las familias no están condenadas: los matrimonios pueden sanar, las personas pueden cambiar y los hijos pueden crecer en ambientes amorosos incluso después de una separación. Cuando sea saludable, la reconciliación es posible. El mensaje cristiano es una historia de misericordia, conversión y esperanza. Para Ciudad Juárez, debe ser un llamado y no una condena.
Una invitación a los matrimonios juarenses
No esperemos a perderlo todo para comenzar a cuidar lo que un día prometimos proteger:
No tengamos miedo de acudir a un sacerdote, a un matrimonio con experiencia, a un terapeuta o a una institución capaz de acompañarnos. Pedir ayuda no es señal de debilidad; muchas veces es el primer acto de responsabilidad para cuidar a una familia.
Para quien ha cometido una infidelidad
No esconda el error detrás de excusas. Asuma la responsabilidad, reconozca el daño y, si aún existe la posibilidad de reconstruir la relación, comience por restablecer la verdad y la confianza.
Para quien ha sido herido
No permita que el dolor le robe la esperanza. Perdonar no significa negar el daño ni renunciar a los límites necesarios; significa decidir, con libertad y sabiduría, qué hacer con esa herida.
Un llamado a madres y padres de Ciudad Juárez
Recordemos que nuestros hijos están mirando. De nosotros aprenderán qué significa amar, respetar, ser fieles, pedir perdón y cumplir una promesa.
Hoy más que nunca, Ciudad Juárez necesita matrimonios dispuestos a volver a elegirse, familias abiertas al diálogo y padres comprometidos con enseñar mediante el ejemplo.
No permitamos que la cultura de “todo es desechable” alcance también al matrimonio y a la familia.
Volver a lo esencial
Quizá la transformación que buscamos para Ciudad Juárez no comience en un palacio de gobierno ni en una oficina, sino alrededor de la mesa del hogar, cuando dos esposos deciden mirarse nuevamente a los ojos y decir: tenemos que hablar, tenemos que sanar y tenemos que luchar por nuestra familia.
Empecemos desde ahora. No esperemos a perderlo todo para comenzar a cuidar lo que un día prometimos proteger.

