Por Ana Paula Kiyama | Internacional
Después de casi tres décadas sin intervenir directamente en favor de la moneda japonesa, Estados Unidos tomó una decisión extraordinaria: comprar miles de millones de dólares en yenes para frenar la caída de la divisa nipona. La medida, confirmada por el Gobierno de Japón, marca la primera intervención coordinada entre ambos países desde 1998 y refleja la creciente preocupación por la estabilidad de la tercera economía más grande del mundo.
El movimiento ocurre en un momento en que el yen había alcanzado su nivel más débil frente al dólar en alrededor de 40 años, consecuencia de una combinación de factores que incluyen la elevada deuda pública japonesa, tasas de interés relativamente bajas, mayores costos energéticos y la incertidumbre geopolítica derivada del conflicto en Medio Oriente.
Una intervención poco común
Las intervenciones cambiarias coordinadas entre gobiernos son poco frecuentes y suelen reservarse para momentos de alta volatilidad financiera. En esta ocasión, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos participó comprando yenes para aumentar la demanda de la moneda japonesa y fortalecer su cotización frente al dólar.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, dejó claro que Washington está dispuesto a seguir respaldando a Japón si las condiciones del mercado lo requieren, e incluso pidió ampliar los mecanismos de liquidez de la Reserva Federal que permiten al Banco de Japón obtener dólares sin vender sus reservas de bonos del Tesoro estadounidense.
¿Por qué le preocupa tanto a Washington?
Aunque la intervención parece favorecer principalmente a Japón, Estados Unidos también protege intereses propios.
Japón es uno de los mayores inversionistas en bonos del Tesoro estadounidense. Si el gobierno japonés necesitara vender una parte importante de esos activos para defender su moneda, aumentaría la oferta de bonos en el mercado, presionando al alza las tasas de interés en Estados Unidos y encareciendo el financiamiento para empresas, consumidores y el propio gobierno estadounidense.
Además, un yen demasiado débil hace más competitivas las exportaciones japonesas, otorgando ventajas a gigantes como Toyota, Honda, Nissan, Sony y Panasonic frente a fabricantes estadounidenses.
El problema de fondo sigue presente
Los especialistas coinciden en que comprar yenes puede estabilizar temporalmente el mercado, pero difícilmente resolverá el problema estructural de Japón.
La economía japonesa enfrenta el enorme reto de sostener la deuda pública más alta entre las economías desarrolladas, mientras el Banco de Japón intenta abandonar años de tasas cercanas a cero sin afectar el crecimiento económico.
Otro factor clave es el denominado carry trade, una estrategia utilizada por inversionistas internacionales que consiste en pedir préstamos en yenes con intereses muy bajos para invertir en países donde las tasas son más altas. Esta práctica ha mantenido una presión constante sobre la moneda japonesa.
¿Qué significa para México?
Aunque el conflicto parece lejano, México mantiene una estrecha relación económica con Japón.
Empresas japonesas como Toyota, Nissan, Honda, Denso, Yazaki, Panasonic, Aisin y muchas otras cuentan con operaciones de manufactura en territorio mexicano, especialmente en el sector automotriz y electrónico.
Si el yen continúa debilitándose o la economía japonesa entra en una etapa de mayor incertidumbre, podrían modificarse estrategias de inversión, costos de producción y decisiones de expansión de estas compañías.
Chihuahua también podría resentir los efectos
Para Chihuahua y particularmente Ciudad Juárez, donde existe una importante presencia de empresas japonesas dentro del sector maquilador, la estabilidad financiera de Japón tiene un impacto directo.
La entidad participa activamente en cadenas globales de suministro para las industrias automotriz, electrónica, médica y de manufactura avanzada, muchas de ellas vinculadas con corporativos japoneses.
Un escenario de mayor estabilidad financiera favorecería la continuidad de inversiones, mientras que una crisis prolongada podría traducirse en revisiones de presupuestos, retrasos en proyectos de expansión o cambios en las cadenas de proveeduría.
Un mensaje para los mercados
Más allá del monto exacto de la intervención, el mensaje enviado por Washington es contundente: Estados Unidos está dispuesto a actuar para evitar que la volatilidad del yen desencadene un problema financiero de mayores dimensiones.
Sin embargo, los analistas advierten que el verdadero desafío apenas comienza. Sin reformas fiscales, una reducción del endeudamiento y un aumento gradual de las tasas de interés, Japón seguirá enfrentando presiones sobre su moneda.
La intervención puede ganar tiempo para los mercados, pero no sustituye las reformas económicas que el país necesita para recuperar la fortaleza del yen de manera sostenible.

