La ley del más fuerte: la nueva política exterior de Estados Unidos tras la incursión en Venezuela
- Ana Paula Kiyama
- hace 1 día
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Por Ana Paula Kiyama
WASHINGTON / CARACAS.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó la noche del lunes en redes sociales que Venezuela comenzará a enviar petróleo a Estados Unidos y que su administración controlará las ganancias derivadas de su venta. Horas antes, la Casa Blanca confirmó que no ha descartado una eventual invasión militar de Groenlandia, aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, señaló que el mandatario preferiría adquirir el territorio mediante una compra.
Ambos anuncios, realizados casi de manera simultánea, refuerzan la percepción de un giro radical en la política exterior estadounidense, marcado por el uso explícito del poder económico y militar como herramientas de presión directa sobre otros países.
Venezuela: petróleo, fuerza y mensaje político
Las declaraciones de Trump se producen días después de la operación militar estadounidense en Venezuela, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos, donde enfrenta un proceso judicial en Nueva York.
El vicepresidente JD Vance fue directo al explicar la lógica de la intervención:
“Cualquier nación que cruce a Estados Unidos y desafíe sus deseos lo hace bajo su propio riesgo”.
Según Vance, el objetivo fue detener el narcotráfico y recuperar lo que calificó como “petróleo robado”, una narrativa que ha sido repetida por otros altos funcionarios. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, resumió la postura del gobierno con una frase contundente:
“Él jugó y perdió”.
Sin embargo, más allá de los argumentos oficiales, analistas y observadores internacionales señalan que la incursión en Venezuela envía un mensaje más amplio: Estados Unidos está dispuesto a imponer su voluntad en países considerados estratégicos dentro de su esfera de influencia, incluso recurriendo a la fuerza.
La “Doctrina Donroe” y el regreso de la política de esferas
Asesores cercanos a Trump han comenzado a describir esta visión como una reinterpretación de la histórica Doctrina Monroe, ahora apodada informalmente como la “Doctrina Donroe”. La idea central es que una potencia tiene no solo la capacidad, sino el derecho, de dirigir el rumbo de naciones más débiles dentro de su entorno geográfico.
Stephen Miller, uno de los principales estrategas del presidente, lo expresó sin rodeos en una entrevista televisiva:
“Vivimos en un mundo gobernado por la fuerza, por el poder. Estas son las leyes de hierro que han existido desde el inicio de los tiempos”.
Este razonamiento no es exclusivo de Washington. En Asia, China ha utilizado argumentos similares para justificar su presión sobre Taiwán. En Europa del Este, el presidente ruso Vladimir Putin ha invocado la soberanía y la seguridad regional para justificar sus invasiones a Georgia y Ucrania, y podría hacerlo en otras zonas del antiguo espacio soviético.
“Si nosotros tenemos derecho a ser agresivos en nuestro patio trasero”, reconoció un exfuncionario del primer gobierno de Trump, “¿por qué ellos no?”
Groenlandia, Canadá y el precedente peligroso
El caso de Groenlandia ilustra cómo esta lógica podría extenderse más allá de América Latina. Aunque Trump ha reiterado su preferencia por una compra negociada, el hecho de que la opción militar no haya sido descartada públicamente ha generado inquietud entre aliados europeos.
Especialistas advierten que, si este principio se normaliza, podría abrir la puerta a una cadena de reclamos territoriales en distintas regiones del mundo: desde disputas históricas en los Balcanes y África, hasta conflictos en Medio Oriente o incluso en zonas polares como la Antártida.
Reacciones y consecuencias en Venezuela
Mientras tanto, en Venezuela, el gobierno emitió un decreto de emergencia que, según organizaciones civiles, criminaliza el apoyo a la intervención estadounidense.
A pesar de la captura de Maduro, gran parte de su estructura gubernamental permanece intacta, lo que plantea interrogantes sobre la gobernabilidad del país en el corto plazo.
Las calles de Caracas han sido escenario de manifestaciones, algunas en rechazo a la intervención y otras en apoyo a un cambio político, reflejando un país profundamente dividido en medio de una crisis que ahora tiene implicaciones globales.
Un mundo más incierto
La operación en Venezuela y las declaraciones sobre Groenlandia han generado preocupación tanto entre aliados como entre adversarios de Estados Unidos. Analistas coinciden en que estas acciones marcan un punto de inflexión, en el que la diplomacia tradicional cede espacio a una política exterior transaccional, basada en el principio de que el poder impone las reglas.
Como advirtió un análisis reciente, la ofensiva contra Venezuela “ha introducido un nuevo nivel de incertidumbre global”, obligando a gobiernos de todo el mundo a recalibrar sus estrategias frente a una superpotencia dispuesta a usar la fuerza para defender sus intereses.










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