Por Ana Paula Kiyama | Ciudad de México
En un momento clave para la economía de América del Norte, el Gobierno de México, encabezado en materia económica por Marcelo Ebrard, ha dejado clara su prioridad: avanzar hacia un Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) libre de aranceles, en medio de tensiones comerciales que aún persisten en sectores estratégicos.
La declaración surge previo a la segunda ronda de negociaciones con autoridades estadounidenses, donde México buscará eliminar medidas que, aunque contradictorias al espíritu del tratado, siguen vigentes.
¿Qué está pasando realmente?
Aunque el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá fue diseñado para facilitar el libre comercio, en la práctica aún existen aranceles y restricciones, particularmente bajo la llamada Sección 232 de Estados Unidos, que afecta directamente a industrias clave como:
- Acero
- Aluminio
- Sector agropecuario (como el jitomate mexicano)
Estas medidas han sido motivo de fricción constante, ya que encarecen exportaciones mexicanas y afectan la competitividad de la región.
Ebrard fue claro: México insistirá nuevamente en eliminar estos obstáculos, argumentando que contradicen los principios del acuerdo.
Más que aranceles: una estrategia económica
La postura del gobierno mexicano no es aislada. Forma parte de una estrategia más amplia para:
- Fortalecer el nearshoring (relocalización de empresas hacia México)
- Reducir vulnerabilidades en cadenas de suministro
- Aumentar la inversión extranjera
- Consolidar a América del Norte como bloque económico frente a Asia y Europa
En este contexto, el sector empresarial —representado por el Consejo Coordinador Empresarial— ha respaldado el enfoque, destacando la necesidad de:
- Certidumbre jurídica
- Reglas claras
- Condiciones atractivas para el capital productivo
El llamado a los empresarios
Uno de los puntos más relevantes del mensaje de Ebrard fue su llamado a la iniciativa privada:
México necesita mayor presencia empresarial en Estados Unidos.
Esto implica que empresas mexicanas deben:
- Participar activamente en el diálogo bilateral
- Defender sus intereses comerciales
- Impulsar inversiones estratégicas
La idea es clara: la diplomacia económica ya no es solo tarea del gobierno, sino también del sector empresarial.
¿Por qué esto importa?
La negociación de un T-MEC sin aranceles podría tener efectos directos en:
- Precios de productos (menos costos de exportación/importación)
- Generación de empleo
- Atracción de inversión extranjera
- Fortalecimiento del peso económico de México en la región
Además, ocurre en un momento donde el nearshoring posiciona a México como uno de los destinos más atractivos para la manufactura global.
Lo que sigue
La segunda ronda de conversaciones será determinante para medir:
- La disposición de Estados Unidos a flexibilizar medidas
- El peso político y económico de México en la negociación
- El futuro del T-MEC rumbo a su próxima revisión formal
México no está renegociando el T-MEC desde cero, pero sí está empujando una reinterpretación más justa del acuerdo, donde el libre comercio sea una realidad y no una excepción.
El mensaje es contundente:
sin eliminar los aranceles actuales, el potencial económico de la región seguirá limitado.

